Vacaciones de verano

Ya han empezado, y creo que nunca las había deseado tanto como este año. No por nada especial sino por toda la faena que he tenido durante el curso, que no me ha permitido hacer nada prácticamente, con este blog.

Bueno, pues a todo esto aquí estoy otra vez. Este verano me he propuesto leer por un tubo tanto libros como cómics que tengo apartados por ahí, escribir algo de música y hacer las reseñas de cada cosa que lea.

Las reseñas que tengo pendientes son: El legado del drow (de Salvatore), tetralogía; Matahombres (de Nathan Long) y Mataelfos (de Nathan Long). Creo que me dejo algo más en el tintero, pero ahora mismo no los tengo delante, así que no estoy segura.

Un saludo a todos (los pocos) que me leéis y ¡feliz verano!

La relajación

Qué triste es pasarse por aquí y ver esto tan vacío. Bien, pues voy a intentar alegrarlo con palabras desde ahora en adelante. Va a ser una tarea difícil, pues con oposiciones a la vuelta de la esquina cada vez voy más justa de tiempo, pero también necesito algo que me relaje de vez en cuando, sino, un mes antes de que empiecen, siento ya que voy a explotar de ansiedad.

Parece mentira lo útil que resulta una vía de escape a la normalidad del trabajo y el estudio... antes tenía el judo, pero ahora que no lo tengo intento compensarlo físicamente saliendo de casa siempre andando, no cojo el coche apenas durante la semana, y para compensarlo psicológicamente... es más complicado, y en realidad es lo que me hace más falta. Aunque ahora valoro en realidad mucho más haber estudiado un instrumento, porque estudiar oboe, o estudiar piano, me relaja bastante más que estudiar oposiciones, así que voy alternando.

De momento la próxima vez que escriba hablaré de un libro que estoy leyendo ahora, "El Botiquín Musical", que me ha proporcionado gran ayuda con este tema.

Va de musicales: Siete novias para siete hermanos

Después de haber repuesto la película High School Musical, me ha entrado como una fiebre por ver musicales hoollywodienses del año de la pera (como se suele decir), que son los que me gustan a mi y que no aburro aunque los he visto ya unas cuantas veces.

Empecé por ver hace tres noches Siete novias para siete hermanos, y seguí hoy con Levando Anclas. Tenía mono ya de ver películas clásicas, no solamente musicales sino de todos los géneros que tengo almacenadas. Si hay suerte y sigue esta racha me gustaría seguir haciendo reseñas de cine clásico.

Empezando pues por Siete novias para siete hermanos, comienzo por la ficha técnica:


Título original: Seven brides for seven brothers
Director: Stanley Donen (Cantando bajo la lluvia, Un día en Nueva York...)
Guionistas: Albert Hackett, Frances Goodrich y Dorothy Kingsley.
Música y letras: Saul Chaplin (al que le dieron un óscar por esta banda sonora y otro, años después, por la de West Side Story) y Jene de Paul, y Jonnhy Mercer.
Género: musical romántico
Año de producción: 1954


Sinopsis (con SPOILERS):

El mayor de los hermanos Pontipee, Adam, baja desde la granja de las montañas, en la que vive con sus seis hermanos, hasta el pueblo donde pretende encontrar esposa. Encuentra allí a Mily, una mujer con carácter, que se enamora en el instante en el que ve a Adam, y accede a casarse con él ese mismo día. Sin embargo no todo es tan de color de rosa como ella lo ve, y vuelve a la realidad cuando se da cuenta de que tiene que cuidar de sus seis hermanos, además de su marido.

Los hermanos de Adam, animados al ver que él ha vuelto con esposa, y bajo la tutela de Mily, quien les aconseja sobre cómo deben tratar a las chicas, acuden al pueblo y conocen a seis chicas de las que se enamoran, pero que en un ciego afán por ellas, las secuestran (cual rapto de las sabinas) y las llevan a la granja, dejándolas aisladas de sus familias durante todo el invierno). Mily los reprende y echa a los siete hermanos de la granja. Adam se va a una cabaña de la montaña sin saber que Mily está embarazada.

Al llegar la primavera y retirarse la nieve y con ella el rencor de las chicas por los seis hermanos, las seis parejas enamoradas disfrutan del buen tiempo cuando sus familiares vienen a la granja de los Pontipee armados y dispuestos a castigar a los secuestradores... justo después de que Mily ha dado a luz a una niña. Los del pueblo, al llegar, oyen los llantos del bebé y temen lo peor para sus hijas, así que deciden dejar que ellas se casen con los Pontipee.

Opinión:

Por muchas veces que lo veo no me cansa ni me aburre. En mi opinión, ya no se hacen musicales como antes. Los de ahora están muy bien, son muy modernos, integran estilos de música que nos gustan a todos y que también resultan, a su modo, espectaculares. Sin embargo, cuando alguien ve bailar realizando las acrobacias que hacían la tropa de actores y actrices de este film, a Gene Kelly o a varios de la época, se pregunta si está viendo a un bailarín, a un acróbata o a un gimnasta rítmico profesional (o a las tres cosas a la vez). Esto es lo que hace que esas coreografías que desafían las habilidades humanas sean tan excepcionales.



Aunque se trate de una película del año 54 (motivo que no debería frenar a nadie que quisiera un buen musical), y quizás especialmente por eso (la seguridad de que no hay ninguna acrobacia en el baile retocada con efectos especiales a mi me parece bendita), recomiendo a cualquiera que no la haya visto que no deje pasar la oportunidad de disfrutar de este clásico.

Mención especial me merecen estas dos canciones: la canción/duelo del baile y Lonesome Polecat

Sobre el argumento no hay nada que decir. Seguramente, como he observado que apuntaban muchos comentarios de los cinéfilos, esta es una de esas películas que ahora serían políticamente incorrectas (las feministas se lanzarían a la yugular del guionista, vamos). No hay que mirarla con los ojos de la vida de hoy, los 50 eran otros tiempos, y aún así, me parece una buena moraleja la que otorga la película, que hace madurar a un hombre rudo y tosco como Adam, y que sin duda presenta a la protagonista, Mily, como una mujer de carácter y muy sabia.

Adolf


Estos dias he estado terminando la lectura de Adolf, el manga de Tezuka, que llevaba empezado ya hace demasiado tiempo. He empezado con este porque me he propuesto terminar de leer todo lo que un día empecé y dejé a medias (después de Adolf va Alita, ángel de combate). Me ha animado haberme hecho una cuenta en aNobii para hacer un seguimiento de mis libros y cómics, y al empezar a hacer "inventario" me ha dado pena ver que me he dejado muchas cosas a mitad leer, tanto de cómics como de libros.

Bueno, pues volviendo al título del post, este manga es uno de los que se merecían acabarse cuando los empecé, porque tiene toda la calidad de la madurez de Tezuka, y aún más... porque mientras Buda, siendo igualmente una gran obra, se centra en la vida de Siddartha y se mantiene en una misma cultura y contexto, en Adolf el lector vive en Japón, en Alemania y hasta en Palestina. Y el autor refleja en todo momento la inquietud de cada pueblo, de cada país en sus momentos más delicados. Me han hecho llorar por igual la crueldad de la Alemania nazi, los bombardeos (culminados por las dos bombas atómicas) sobre Japón y la desafortunada situación permanente de guerrillas en Palestina, en la lucha de árabes contra judíos.

Sobre la historia de los protagonistas, hay que decir que ante todo es dramática y trágica, pues son personajes que de niños se profesan una amistad ajena a los prejuicios raciales, pero que a medida que crecen se ven atrapados por la sociedad del momento, y se vuelven justamente en lo que tanto odiaban de pequeños. En la historia se entrelazan las vidas de tres Adolf: Adolf Hitler, Adolf Kaufmann y Adolf Kamil. Son sobretodo estos dos últimos los que más relevancia tienen, aunque aparecen otros personajes que también resultan importantes, como es el caso de Sohei Toge, un periodista japonés que se ve envuelto en los sucesos cuando está retransmitiendo los juegos de Berlín.

En definitiva, opino que es un cómic que tanto los lectores habituales de manga como los no habituales deberían leer, solamente por el profundo reflejo de sentimientos que consigue transmitir Tezuka i el gran moralismo que está siempre inherente en sus obras.