20 septiembre 2007

Yo Robot

Tareas: Aprobar dos asignaturas en la universidad, preparación para oposiciones, último curso de conservatorio, trabajar 3 tardes a la semana dando clases, y si se tercia, hacer un curso de capacitación de valenciano en la escuela de idiomas.

Todo ello alternado o al mismo tiempo. Estoy en modo multi-tarea.

15 septiembre 2007

"Propósitos" literarios... ¿se cumplirán?

Hablando de los "propósitos" del post anterior, tengo varios que me gustaría cumplir de aquí a fin de año. La mayoría son literarios, pero empiezo por el más próximo, que no lo es: cambiar el aspecto del blog. Curso nuevo, vida nueva, blog nuevo. En breve me pondré a ello, que me hace ilusión trastear con él (aunque si soy sincera, no recuerdo ni cómo coloqué la imagen de la cabecera, así que tendré que empezar de cero, me temo...).

Más cosas: libros. De momento sólo me queda terminar, del género de fantasía, con Tormenta de Espadas II, de la Saga de Canción de Hielo y Fuego. Me quedan muchos más de este género, pero ya hace muchos libros que estoy estancada en él, y ya me merezco cambiar. Así que como no me decido porque tengo las mismas ganas de meterme (más) en literatura oriental como en la ciencia ficción (que apenas probé con El Juego de Ender), he decidido alternarlos.

Me interesa leer los libros que dejé señalados como "no leídos" en cierto post, en cuanto a temática oriental. Por otra parte, compré el otro día Yo, Robot y Fundación, ambos de Isaac Asimov, pero en cambio, querría empezar por uno que tengo desde hace tiempo: Historia del Tiempo, de Stephen Hawking. Está claro que no es ciencia ficción (¿o sí?, seguro que más de uno lo habrá pensado...), pero alguien me lo recomendó hace unos diez años con estas palabras: Si lees este libro, te aseguro que dejarás de creer en dios. Mi contestación fue una sonrisa y un Lo dudo mucho, pero gracias por la recomendación. No lo voy a leer por eso, pero aunque no me trastoque mis creencias religiosas pienso que puede que sea un gran libro.

De los libros sobre Japón y oriente en general me interesa leer algo de historia, además de pensamiento. Estoy leyendo el manga La época de Botchan, del magnífico dibujante Jiro Taniguchi (del cual tengo ésta opinión) y del guionista Natsuo Sekikawa. El manga tiene su comienzo en los primeros años de la era Meiji, en la que mentalidad japonesa y occidental entrechocan y se ven forzadas a convivir, lo que en muchos japoneses provoca confusiones, exaltaciones y frustraciones. En cualquier caso, nadie en la nueva época Meiji se muestra indiferente.

La época de Botchan empieza con la elaboración de un libro, Botchan, pero dada la intensa labor investigadura de Taniguchi y Sekikawa, el manga rebasa esta primera historia, que ocupa los dos primeros tomos (españoles, solamente el primer volumen en Japón), y se entrega a la narración de las vivencias de varios personajes históricos y a menudo literarios que se entrelazan entre sí. Cada uno tiene una reacción y una situación económica y social muy distinta a los demás, en la nueva era.

Dado que estoy segura, aunque el manga está muy bien en cuanto a explicaciones tanto a pie de página como al final (tiene unos artículos riquísimos en cuanto a detalles históricos muy curiosos), de que se me está pasando o se me pasará algo del manga y no seré consciente de que me pierdo algo importante, me gustaría documentarme sobre esta época.
Para ello me gustaría remitirme a las recomendaciones sobre libros de Yukio Mishima, así como novelas de Pearl S. Buck, una autora occidental. Ésta última tuvo sus experiencias en china, pero aún así, como la mentalidad oriental, si bien no es idéntica, tiene bases morales similares en varias culturas, creo que servirá también para entender el contraste cultural. Ambas temáticas datan de la misma época y sería curioso leer desde los dos puntos de vista.

14 septiembre 2007

Resucitanto el blog

Ahora que ya ha terminado la fatídica época de los exámenes (no lo digo porque me haya ido mal, sino por lo mal que se pasa; "fatídica" y "exámenes" deberían ser sinónimos), es momento de volver a empezar proyectos, guardar apuntes y confeccionar horarios.

Personalmente no entiendo a los estudiantes que miran el final del verano con mala gana y se lamentan por volver a tener que empezar un nuevo curso. Para mí son los días más gratificantes del año, por estas razones en concreto:

- La más importante es que suponen el final de los exámenes: siempre que se empieza algo es porque se ha terminado otra cosa importante, y a nivel estudiantil cada final significa nervios, tensión por exámenes y pruebas, en definitiva: pasarlo mal. La descarga de adrenalina después de eso es gratificante, se mire por donde se mire.

- Se marcan nuevos retos personales: ni en Navidad nos proponemos tantos. Normalmente son retos académicos, o también de ocio (escribir en el blog, ir al gimnasio, clases de yoga, plantearse el aprender idiomas...). Lo normal es no cumplir ni la mitad, pero eh... ¿y lo ilusionad@ que estás cuando sueñas con cumplirlos qué?

- La tranquilidad: con la que se empieza todo, sabiendo que tienes toooodo un curso por delante. Todo el mundo sabe que incluso los profesores se lo toman con paciencia. A final de curso ya vendrán los achuchones y apretujones de temario para que dé tiempo a terminarlo, pero ahora gozamos todos de esa paz que sabes que se debe aprovechar porque sólo durará hasta, como mucho, Navidades.

- Y la cuarta y última, los fascículos por entregas de septiembre: si pensáis que los tres puntos anteriores se basan en parte en engañarnos a nosotros mismos, en este punto ya no es ese el caso. Los fascículos son perfectos... una oportunidad que sólo tenemos una vez al año de hacernos con la ganga de turno. Y no lo digo por la colección del barquito de la Edad Media, ni por la maqueta del Ferrari, ni por el punto de cruz. Del primero, seguramente alguien perdería o se tragaría el palo mayor antes de que llegara el segundo fascículo, del ferrari, la primera rueda que nos dan iría a parar debajo del sofá, y sobre el punto de cruz... prefiero no hablar cómo podríamos acabar con la aguja.

Me refiero a los libros, cómics y dvds. Para aprovechar estas ocasiones hay que ser especialista en captar cada anuncio de la tele y poder hacerse así con el primer fascículo de cada colección de estos tres objetos tan preciados. ¡Y están tirados! Nunca encontraremos un libro tan bien encuadernado (y en tapa dura) por tres míseros euros (y no cualquier libro, sino al primera parte de dos de las obras de Sigmund Freud, menudo tocho). Y si tenemos suerte con los dvds nos pasará lo mismo.

Esos son mis cuatro motivos por los que, para mi, septiembre es un mes que cojo con ansias renovadas y con muy buen humor, así que ya sabéis, a disfrutarlo toca.

11 septiembre 2007

Mi paraíso de verano

Salir a la terraza a cenar, poder ver mientras todas las luces de las casas y estar al aire libre, a la luz de la luna, con el olor del buen café, recién hecho, saliendo de la cocina...

Ir tranquilamente paseando por la orilla de la playa y sentir al mar besandome los pies.

Estar echada en la cama, al lado de la ventana, y que la brisa me provoque un escalofrío. Poder dormir bajo mis sábanas blancas sin pasar calor.

El silencio, que a menudo solamente se rompe por el sonido del mar.

Podría vivir aquí todo el año y dejar mi felicidad a merced de las olas.